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miércoles, 23 de julio de 2014

Capítulo 1: Empezando de cero.


Nueva York.  08:30 am. Octubre, 20008.

Me he vuelto a quedar dormida en el escritorio de mi despacho. 
Otra vez he vuelto a soñar con lo mismo, con mi horrible pasado.
Como acabé después de todo ingresada en aquel psiquiátrico durante dos eternos años. 
Han pasado ya 8 años, pero esa pesadilla jamás se irá. Por mucho que mamá y yo intentemos rehacer nuestras vidas, eso jamás será posible. Aun así no nos va del todo mal últimamente.
Cuando creyeron que no era una gran amenaza pública y consideraron que estaba por fin mentalmente estable mamá y yo decidimos dejarlo todo atrás e irnos a vivir muy muy lejos.
Nos costó mucho decidirnos, pero aquí estamos. Ella trabaja en un comedor social, y yo... bueno. Digamos que no hago un trabajo lo que se dice muy muy limpio.
Toc, toc, toc. 
-Eh, Robin. Te están esperando.- Una cabeza redonda se asoma por la puerta ahora entreabierta y me sonríe.
-Voy enseguida, Pat.- Me levanto casi dando un salto, busco mi chaqueta y doy un pequeño bostezo.
-¿Va todo bien?-
-Si, es solo que anoche no dormí del todo bien. Pero estoy llena de energía, te lo juro.- Patrick Klausten es mi mejor amigo. Desde que la primera vez que le vi. Fue como un chispazo, todo muy extraño. Discutimos bastante, pero no podía vivir sin él. Sería como dejar de respirar, y dudo mucho que pudiera soportar algo así una vez más.
El pelo de color castaño oscuro le cae sobre los ojos, que también son marrones. Mide casi dos metros de altura, así que la gran mayoría de veces tengo que ponerme de puntillas para poder darle un abrazo. Pero no me importa, me hace sentir segura.
Cierro la puerta de mi despacho con llave. Me aseguro que he hecho bien mi trabajo y dejo que Pat me pase el brazo por los hombros y caminamos sin poder dejar de charlar.
-¿Seguro que estás bien? Puedes pasar de hacer estoy hoy y tomarte un descanso. No quiero que esto te acabe consumiendo...-
-Pat, estoy bien. No voy a dejar que esto me agote, me gusta hacerlo. Y después si quieres podemos ir a desayunar juntos ¿Te apetece?-
No hace falta que diga nada más, su sonrisa me vale como una válida respuesta.

Calle Cortlandt, hemos llegado. En realidad solo hemos tenido que doblar la esquina, pero siempre me gusta pasear con Patrick.
Atravesamos la gran verja del gran edificio gris y viejo que tenemos delante y sacamos nuestra identificación.
Entro en una pequeña salita, donde guardamos todo nuestro equipo de trabajo. Cojo una pistola y me la guardo en el bolsillo trasero de mi pantalón, cojo unas esposas y me las guardo en el otro bolsillo. Me pongo mi chaleco y cierro la puerta al salir.
Bajo unas escaleras que van directamente al húmedo, oscuro y silencioso sótano. Aun así soy capaz de escuchar unas voces muy cercanas.
Thomas, Neal, Jackson, Rick y Patrick ya están esperándome en el pasillo. Mirando por una gran ventana gruesa que da a  una gran habitación. Una sala de torturas.
Bueno, dicho así suena del todo mal. Prefiero decir que es nuestra oficina de trabajo, suena más profesional.
-¡Ya era hora de que llegaras!- Corean Thomas y Jackson al mismo tiempo con una gran sonrisa.
Sonrío pero me es inevitable soltar un gran suspiro.
Me acerco a la puerta de la sala. Jameson que hasta ahora no me había dado cuenta de que estaba dentro, me hace unas señas con la mano para que pase. Hay mucha luz dentro.
Hay una gran silla negra  delante. Ahí es donde se sentará mi siguiente "cliente".
-Hacedle pasar. - La voz de Jameson suena grave.
Patrick y Neal obligan a sentarse sobre la silla a un hombre de unos 50 años. Pelo pelirrojo aunque se le notan unas cuantas canas. No es de gran estatura y tiene los dientes totalmente descuidados. Dudo que mida más que yo, pero se nota que tiene fuerza.
-¿Es él?- Pregunto con firmeza.
-Si, es él.- Contesta Pat y me mira directamente a los ojos.
Me acerco a una pequeña mesa y cojo un informe. Le echo una rápida ojeada y sonrío victoriosa.
-Perfecto.-Me acerco a la silla, me saco las esposas y lo ato con fuerza para que no pueda moverse.- Morgan Lacelloti. Un psicópata en potencia. 52 años, en paro, divorciado, viudo... Oh no, espera. ¿Lo he dicho mal, verdad? Violaste a tus dos hijas durante meses en secreto hasta que no pudieron soportar más callar la verdad. Después trataste de matarlas, pero como aquello te salió mal decidiste ir a por el novio de tu ex mujer, y después la degollaste. -
Mi voz suena fría, pero él no controla las carcajadas que salen de su interior.
-¿Se puede saber qué te produce tanta risa?-
-Tú. Eres igual de patética que mi ex mujer, una paria social. Una don nadie.-
Le doy un puñetazo en la mejilla.
No se inmuta.
-Zorra. Puta.-
Otro puñetazo. Y otro en el estómago. Y después otro más. Está empezando a sangrar.
-No sabes cómo estoy disfrutando con esto, hijo de puta.- Le doy otra patada más pero la silla se vuelca.
Lo incorporo de nuevo y veo que tiene un ojo hinchado y el labio partido.
Bien.
-¿Esto te pone cachonda, nena? No es justo que solo uno de los dos se divierta.- Esta vez saco la pistola de mi bolsillo y apunto hacia él. -Se quién eres. La pobre chica que siendo solo una indefensa e inocente adolescente vio morir a su padre y a su hermana pequeña. Y encima la pobrecita niña acabó encerrada en un psiquiátrico porque pensaban que estaba completamente loca.- Empieza a reírse a carcajada limpia.
Es asqueroso. Por suerte no le queda mucho por respirar.
Pero para mala suerte la mía, ha sabido como tocar mi punto débil. Y duele, duele mucho. Pero no puedo flaquear ahora. Delante de un tipo como él, jamás.
-Vete a la puta mierda, cabrón.-
-Él te encontrará, volverá a por ti. -No dejo que siga hablando. Aprieto el gatillo con fuerza y le disparo en la cabeza.
Ya está. Está muerto.
Me seco el sudor de la frente con la mano y miro de reojo a los demás. Me miran pero no saben qué hacer.
Dejo la pistola sobre la mesa y salgo corriendo al pasillo, lejos de ellos.
Necesito pensar, necesito respirar. Necesito llorar pero no lo voy a hacer ahora.


Creo que no han pasado ni 10 minutos cuando la voz de Patrick me despierta obligándome a pone rde nuevo los pies sobre la tierra.
-¿Estás bien, pequeña?-Me revuelve el pelo con cariño. Sabe que odio que haga eso, excepto cuando me siento dolida. Él sabe que este es ese momento.
Aun así le miro a los ojos y sonrío con sinceridad.
-Claro que si. ¿Vamos a tomar ese apetitoso y delicioso desayuno?-




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