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martes, 22 de julio de 2014

Prólogo: Robin.

Salónica, (Grecia). Abril,  2.000.
21:30 pm.

-¿Entonces de verdad piensas que algún día podremos visitar España?-
-Oh, si. Ya lo creo que si. -La voz de mi padre suena convincente. Tal vez más de lo que pretende, pero ya es tarde para que se pueda arrepentirse. - Y si tanto te gusta la arquitectura iremos a visitar Barcelona. Creo que te encantará. Visitaremos las grandes obras de Antonio Gaudí. Tienes mucha suerte, ¿Sabes Robin? No todas las chicas de 16 años pueden permitirse hoy en día un viaje así. - Me aprieta el hombro con mucho cariño, aportándome cariño, esperanzas.

Mamá ha querido quedarse en casa. Bueno, no es en realidad nuestra casa ya que ni siquiera vivimos aquí.
Mis padres decidieron tomarse unos días de descanso, así que esto puede considerarse una pequeña visita. Papá, Gabe y yo salido a dar un paseo por el puerto. Mamá esta vez quiere sorprendernos con una suculenta cena.
Estoy hambrienta.
No hay prácticamente nadie en la calle, así que estamos apunto de volver. Para ser del todo sincera, me pone nerviosa que haya tanto silencio y tanta tranquilidad. Si estuviera en Nápoles, (en casa) sería otra historia, pero  un lugar que no conozco es muy diferente.

-Amigo, ¿puede prestarme algo de dinero? No tengo para comer.- La voz grave de un hombre acaba de devolverme a la realidad. No se de dónde ha salido, pero me ha asustado. Lleva un abrigo bastante grueso y tiene el rostro medio oculto por la capucha, pero por lo que puedo diferenciar es un chico de la edad de mi padre, aunque bastante más corpulento.
Mi padre niega con la cabeza y acelera el paso, sujetándome del brazo con bastante fuerza. También me doy cuenta de que tiene cogida a mi hermana de la mano con firmeza.
Se siente amenazado, lo noto.
-Caballero, me parece que no me ha prestado demasiada atención.- Ha levantado mucho la voz, así que ahora es cuando el miedo empieza a invadir mi cuerpo.
-Oye...- Empiezo a decir, pero todo ocurre demasiado rápido.
Mi padre me empuja con mucha fuerza hacia un lado. Lanzo un grito ahogado, y caigo de espaldas.
No me ha dado tiempo para reaccionar, solo he cerrado los ojos durante 10 segundos.
Pero esos 10 segundos han sido suficientes para destrozarme la vida.
Mi padre yace inmóvil en el suelo y si no fuera por la mancha negruzca que tiene en el pecho diría que solo había sufrido un pequeño mareo.
No puedo gritar, no puedo moverme, no soy capaz de reaccionar: Estoy aterrada.
Soy incapaz de mover las piernas, no recuerdo como respirar, ni siquiera recuerdo ni mi nombre ni por qué estoy aquí.
Consigo levantarme, pero es demasiado tarde. Gabe, mi pequeña hermana de 13 años también ha dejado de respirar. Está muerta. Igual que mi padre.
Y yo no he hecho nada por evitarlo. No he podido.
-¡¡¡NO!!!- No soy capaz de controlar las lágrimas. -¡¡HIJO DE PUTA!!-

El chico ahora se ha quitado la capucha, busca mis ojos y sonríe maliciosamente. Me muestra un cuchillo y paso a paso se acerca hacia mi. -Oh pequeña, me temo que solo quedas tú.- Su voz me atraviesa el pecho como garras afiladas.
Va a matarme.
No. No le voy a permitir a este hijo de la gran puta que me toque.
Entonces empiezo a correr tanto que las piernas me arden, aunque no puedo evitar sentir un gran subidón de adrenalina al comprobar que le estoy sacando una gran distancia.
No puedo echarme a llorar porque entonces eso me delataría, necesito buscar un buen escondite. O llegar a casa. O buscar a la policía. Entonces le cogerán y podré llorar mi gran pérdida. Esa que no he sido capaz de evitar y que me perseguirá durante toda mi vida.
Corro tan rápido como puedo, pero me parece que me he perdido. No se como volver a casa.
Me escondo en un callejón, me acuclillo y trato de respirar lo más suave posible.
Pero es inútil: Me ha encontrado.
Lo se porque cuando levanto la mirada, veo esa sonrisa que hiela mi propio corazón.
Se acerca cada vez más a mi y me empotra contra la pared con rabia. Seguro que no le ha hecho ninguna gracia tener que correr, seguro que le he complicado las cosas.
-Primero quiero divertirme un rato contigo, cielo. No te va a doler.- Susurra en mi cuello. Apoya una mano en mi pecho y lo aprieta. No puedo soportar esto. No puedo dejar que siga así.
-Y una mierda, cabrón.- Mi voz suena segura. No se de dónde he sacado el valor, pero mi rodilla ha hecho un buen trabajo. Ahora está arrodillado, abrazándose el estómago: Una buena patada en la entrepierna.
Pero no puedo cantar victoria aun. Con una mano me sujeta con fuerza la pierna y soy incapaz de moverme.
Intento sacudirme como puedo.
Me tira al suelo y se sienta sobre mi estómago.
-Ahora si que vas a sufrir, maldita zorra.- Alargo una mano, cogiendo el cuchillo que se le ha caído al suelo cuando le he dado el rodillazo y se lo clavo en la pierna izquierda.
El grita y lo último que recuerdo es que me ha dado un buen golpe en la cabeza.

No puedo respirar, todo está oscuro.
Parece ser que al final no voy a salir de esta.


-Venecia, 10 días después.-
Lo último que recuerdo de aquella horrible noche fue que me desmayé, y después las sirenas de la policía y la ambulancia.
Mi madre al darse cuenta de que nos habíamos retrasado demasiado decidió pedir ayuda.
Cuando me encontraron estaba medio muerta. Según los médicos, fue un puro milagro que saliera victoriosa.
Porque yo no quería morirme, así no. Supongo que soy más fuerte de lo que aparento ser.
Lo siguiente que recuerdo después de despertar al salir del quirófano era la gran habitación blanca.
Todo lleno de agujas, gasas, medicamentos y muchas cosas extrañas de médicos:

-¿Pero cómo se supone que le vamos a contar esto?-
-Haciéndolo, Melanie. No es tan difícil como parece.-
-Pero doctor... Ella piensa que fue un hombre quién asesinó a su familia. Dice que ella lo vio todo.-
-Eso es imposible, esas marcas son de un animal salvaje. Está clarísimo. -

Nos separa una simple cortina, ¿Se piensan que aunque hablen casi en susurros no les iba a escuchar? Panda de imbéciles.
Me incorporo en la camilla como puedo, pero me duele absolutamente todo.
Se que estoy en casa, porque ya he visto unas cuantas caras familiares. Me trajeron hace varios días, pero yo estaba prácticamente inconsciente después de todo lo ocurrido.
Ahora sólo tengo a mamá, y mamá me tiene a mi. Estamos solas.
-¡Eh, que estoy despierta!- Mi voz suena ronca, pero serena.
Los dos médicos corren la cortina y se acercan a mi camilla.
-Hola, Robin. ¿Cómo te encuentras?-
¿Está de coña? Puede que no trate de ser un completo idiota, pero la verdad es que este hombre me está poniendo histérica. Miro detenidamente la placa donde pone su nombre y le miro a los ojos.

-Oh, estoy de fábula Dr Carmichael. Hace una semana asesinaron a mi padre y a mi hermana delante de mis narices, después ese mismo tipo intentó violarme y asesinarme. Pero eh, ¿Dónde está la fiesta? ¿Y la discoteca? ¡Estoy pletórica!-Cada vez estoy más cabreada y no puedo controlarlo. Él se cruza de brazos, me mira con una media sonrisa aunque trata de ocultarla y guarda silencio.
-Oh cielo, ¿Aun sigues pensando que era un hombre? Lo que os atacó a ti y a tu familia debió ser un perro, o tal vez un animal mucho más grande. Pero no habían indicios de que fuera una persona. -Su voz trata de ser tranquila, pero a mi no me engaña.
-Escúchame gilipollas, yo se lo que vi. FUE UN HOMBRE. NO UN MALDITO ANIMAL. ¿ME OYES?-Doctora... deprisa.-
-¿¡Me está usted escuchando?! -Trato de levantarme de la camilla pero no puedo, no tengo fuerzas.
-¡¡¡¡DOCTORA, YA!!!-
La misma mujer que estaba hace unos minutos hablando con el Dr. Carmichael aparece con una aguja. Me clava la punta en el cuello y veo como el hombre ata unas correas a la camilla para después sujetarme las muñecas y las piernas con ellas.
-¡¡¡SUÉLTAME!!! ¡¡¡HE DICHO QUE ME SUELTES DE UNA PUTA VEZ!!!- Trato de soltarme, de tirar con fuerza pero no puedo. Y entonces lo comprendo. No tengo escapatoria.
No estoy en el hospital que está a dos calles de mi casa. Estoy en un hospital psiquiátrico.
Me he dormido y ya no puedo luchar más.




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